Es común pensar en toda organización que lograr los objetivos es la consecuencia lógica de los esfuerzos puestos en acción, que las actividades previstas confluyen necesariamente en los fines deseados. Esto, aplicado al deporte profesional, no es cierto. En muchos casos –la mayoría, si no todos- las acciones desarrolladas no se materializan en los resultados esperados. Y no hay que alejarse del waterpolo para comprobarlo.

Por esta razón, ha sido todo un éxito para el Club Waterpolo Sevilla haber competido dignamente en la máxima categoría del waterpolo nacional, una de las mejores del mundo, en las condiciones que lo ha hecho, especialmente con el grupo humano que ha recorrido las mejores piscinas de España preñado de ilusión, pero falto de experiencia y el peso que hoy por hoy dan las estrellas del deporte. Porque, en definitiva, en los momentos que ha tocado decidir, el talento, la fuerza y el nombre de las estrellas ha sido fundamental. Lo hemos comprobado en activa y en pasiva.

Pero, como para algunos la realidad es tozuda y se basa en datos in controvertidos, el primer análisis es que el Club Waterpolo Sevilla se queda en último lugar de la tabla con cuatro puntos -merced a una victoria y un empate- y un bagaje de 163 goles a favor y 328 en contra a lo largo de veintidós partidos. Hasta ahí no hay duda. Esto es lo que, en los números, ha deparado la temporada 2007/08 para el primer equipo del Club Waterpolo Sevilla; algo no muy distinto, por otra parte, a lo ocurrido en los últimos cuatro años con el equipo que ha descendido cada temporada. Con todo, hasta el último cuarto del último partido se ha tenido la opción de mantener la categoría. Nos ahorramos el resto de estadísticas.

Solo el que vence poco tiene que explicar, quedando los argumentos para aquellos que no alcanzan sus expectativas. Ya lo decía Baltasar Gracián: “La mayoría no percibe los detalles, sino los buenos o malos resultados. Todo lo dora un buen final.” Sin embargo, no es el caso. Si son muchos los que se contentan con lo aparente, siendo extraño mirar por dentro, desde el Club Waterpolo Sevilla siempre se ha preferido valorar el trabajo desde todos los ángulos posibles, es decir, dirigir la atención hacia los procesos generados, a aquellos elementos intangibles, de difícil medición aunque no imposible, pero que son la sal y la pimienta del grupo con el que se trabaja.

Así, lejos de lo aparente se encuentra la gran inversión en formación y experiencia que se ha desarrollado; cierto que de ella hay que hacerse cargo, hay que saber manejarla, aprovecharla y conducirla en futuros empeños. Pero no es baladí, especialmente cuando hablamos de un grupo humano con muchos años de deporte por delante y con la ilusión intacta: no hay mella en los jugadores y técnicos por los resultados; al contrario, ganas de madurar y crecer como deportistas. Formación en jugadores, técnicos y directivos que ayudarán, sin duda, en futuros planeamientos, tanto en juego como en organización. El desafío será trasladar esta experiencia a las categorías inferiores y al primer equipo, para lo cual será preciso realizar algunos cambios técnicos y tácticos.

Igualmente, la División de Honor ha permitido hacerse un hueco informativo en una ciudad excesivamente centrada en el deporte rey –hacia el que se dirigen todos los apoyos- desarrollando afinidades en quien no parecía tener interés al principio, motivando simpatías hacia un deporte desconocido, que ni siquiera llega a la televisión autonómica y local. En este sentido, es curioso que el único partido disputado en Hytasa retransmitido por televisión haya sido por la Televisión de Mataró, naturalmente para su territorio, haciendo que el waterpolo haya sido el único deporte andaluz en el máximo nivel que no haya sido conocido por los televidentes andaluces. Sin embargo, los medios escritos (tanto diarios como en red) se han volcado con el waterpolo contribuyendo al conocimiento de este deporte y el incremento de aficionados, espectadores y, muy especialmente, nuevos jugadores.

Finalmente, la capacidad de atraer recursos con los que soportar la actividad es un aspecto no menor de cuantos podemos valorar muy positivamente. El paso por la División de Honor ha permitido confirmar que existen quienes dicen que sí, y luego es que no y quienes se hacen cargo desde el principio hasta el final. Y aquí hay que mencionar muy especialmente a Vicente Blanco, benefactor del waterpolo andaluz que se ha echado al club sobre sus espaldas; sencillamente porque hace honor a su palabra. No ha sido así en general y como la excepción confirma la regla, el agradecimiento a Vicente Blanco debe estar presente en cualquier balance de la temporada.

En el apartado de recursos no debemos olvidar el incremento de agua que ha supuesto el salto a la máxima categoría, algo en lo que el Ayuntamiento de la ciudad ha respondido según las nuevas necesidades. Esa inversión de espacio para la práctica deportiva ya está dando sus frutos y, con seguridad, los dará en los próximos años.

La primera participación del Club Waterpolo Sevilla en la División de Honor ha representado el triunfo de la voluntad de crecer de un grupo que venía de lo más hondo del waterpolo nacional recorriendo todos los escalones, porque, a pesar del descenso de categoría, la experiencia nos dice que hay otro éxito: el de la tenacidad y la ilusión por practicar el deporte. Lo decíamos tras la primera vuelta en este mismo blog, y sigue aun vigente: “Quizás no se llegue al final de temporada con el bagaje necesario para mantener la categoría, pero la experiencia habrá valido el esfuerzo”.

Más información en www.waterpolosevilla.com
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