Las verdades inmutables son inmutables, al menos mientras duren. Eso es lo que se ha visto en esta primera vuelta de la División de Honor. Once derrotas consecutivas. Para un equipo ganador, que hace solo cuatro temporadas militaba en la liga regional y está acostumbrado a ganar, es muy duro.
Un escenario no muy distinto al de las últimas tres temporadas para el equipo que finalmente descendió de forma directa. L’Hospitalet en la 2006/07 y Real Canoe en la 2005/06 tampoco obtuvieron un punto en su primera vuelta. Y en la 2004/05, el entonces Larraina obtuvo una victoria. Si se mantiene el pronóstico, es de esperar que la situación sea parecida tras la segunda vuelta. L’Hospitalet obtuvo un punto en toda la temporada, Canoe cuatro y Larraina seis. Parece ser este el sino del equipo que desciende.
Hay más datos. Y todos negativos. En esta primera vuelta, el Club Waterpolo Sevilla ha recibido 165 goles en contra, semejante a los que recibieron L’Hospitalet y Canoe en sus respectivas temporadas y algunos más que Larraina. Por el contrario, ha metido más goles que L’Hospitalet y prácticamente los mismos que Larraina.
Es inútil confrontar esta situación con la de temporadas pasadas en Primera División. No pueden compararse situaciones tan distintas, como es el juego y la categoría de los jugadores en cada una de las divisiones. Son muchas las diferencias.
En primer lugar, el equipo se ha visto obligado a hacer un cambio muy importante desde la Primera a la División de Honor. Las dimensiones de la piscina (de 25 a 30 metros) no ha sido la menor, ya que ha obligado a modificar todo el planteamiento táctico. Este incremento de dimensiones es inédito en cualquier otro deporte. Máxime cuando se pudo entrenar en piscina de 30 metros solo quince días antes del inicio de la competición.
Por otro lado, CWS es el único equipo de División de Honor de Waterpolo (incluimos también a casi toda la Primera División) que, no solo no se ha reforzado con fichajes, sino que su presupuesto es comparable a la Segunda División Nacional. Además, es el único de la ciudad que, estando en el máximo nivel, no ha recibido las ayudas económicas prometidas en su momento, y que justificaron su presencia en la categoría. Esto ha hecho inviable la llegada en su momento de jugadores que reforzaran el bloque de canteranos que consiguió el ascenso y colaboraran con los más jóvenes en la subida de nivel. En una competición tan fuertemente profesional como la División de Honor de Waterpolo, posiblemente la mejor del mundo, este es un handicap que limita absolutamente las posibilidades de victoria.
Hay más aspectos, pero nos los ahorramos. No vaya a parecer una justificación. Muchas cosas son diferentes en este Club respecto a los demás de División de Honor (no profesional, basado en la cantera, ubicado en instalaciones municipales) y a otros equipos de la máxima categoría en Sevilla. Son conocidas de todos y no abundaremos en ellas.

Evidentemente no es esta la temporada que todos hubiéramos deseado. Con el ascenso a la División de Honor se abría una oportunidad para crecer y madurar. Por ello, tras los fríos datos expuestos más arriba no debemos olvidar otras realidades que la atraviesan. Especialmente la juventud y el trabajo de cantera. Hemos sido el equipo más joven en toda la primera vuelta, lo que siempre nos ha caracterizado. Y, aunque con ello no se consigue ningún punto, nos llena de orgullo haber creado la circunstancia propicia para que los jóvenes jugadores del filial estén teniendo la experiencia en la máxima categoría, que difícilmente hubieran tenido en otro momento. Con seguridad les ayudará a crecer como deportistas.
Con esto no se gana partidos. Es cierto. Forma parte de las verdades inmutables con las que empezábamos este informe. Pero no por ello dejan de tener algo de épico cada uno de los enfrentamientos que se han tenido. Y es que un ataque de caballería tan ligera como la del Club Waterpolo Sevilla hoy por hoy, contra la artillería de cada fin de semana, por muy valerosos que sean los jinetes, no tiene muchas posibilidades. Ni aquí ni en Sebastopol.
El equipo ha ido evolucionando con cada partido, disputando de igual a igual con el bloque de equipos que nos preceden en la clasificación y viéndose desbordados con los galácticos que ocupan las primeras posiciones. Extrayendo experiencia con cada derrota y en cada piscina y pagando ese peaje que todo equipo recién ascendido al parecer debe abonar, como así ocurrió en los primeros años en la Primera División. Quizás no se llegue al final de temporada con el bagaje necesario para mantener la categoría, pero la experiencia habrá valido el esfuerzo.
En cualquier caso, las ilusiones siguen intactas, lo que dice mucho de la fortaleza mental de unos jugadores y un cuerpo técnico que, a pesar de no haber ganado un solo punto, sigue trabajando con la misma aspiración.

Más información en www.waterpolosevilla.com
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